Primera visita al colegio Bolívar
La observación
al colegio Bolívar fue una experiencia muy gratificante y productiva. Me permitió
adquirir conocimiento importante sobre la labor docente, pero sobre todo me
permitió tener un panorama más claro de cómo es la práctica real en este tipo
de instituciones educativas de la ciudad de Cali. En este texto pretendo
reflexionar acerca de esa visita y de los aprendizajes que construí en ella.
Para esto, hablaré de mi experiencia en general en la observación, y realizaré
algunos comentarios sobre lo observado a la luz de algunas ideas de autores
leídos a lo largo de la carrera.
Lo primero que
debo decir es que, desde que entramos a la institución hasta que salimos me
sentí muy cómodo. El recibimiento del personal del colegio y el trato que nos
dieron fue sumamente amable y simpático. Ahora bien, voy a hablar un poco sobre
mis otras impresiones generales de toda la observación. Al entrar, noté que el
colegio es muy amplio; veo que hay gran número de zonas verdes y de jardines
bien cuidados. Además, observo que la infraestructura es muy atractiva
visualmente, todo da una sensación de pulcritud y limpieza. El recibimiento del
personal administrativo del colegio fue muy respetuoso, y el salón de la clase
que observamos estaba muy bien organizado. Algo que resalto mucho de la
institución es el esfuerzo que pone en crear fuertes lazos de fraternidad entre
sus estudiantes. La primera impresión que me causa el colegio es que cada cosa
está tan bien pensada y ejecutada que no hay lugar para los errores en la
enseñanza que tanto abundan en las instituciones públicas y muchas privadas.
Ahora bien, vale
la pena trazar algunos puntos de contacto entre algunas ideas de pedagogos que
nos permitan ver con más claridad la calidad del colegio Bolívar. Por ejemplo,
podemos hablar del modelo SAMR en relación con lo visto en esa sesión de clase
que observamos. Si recordamos la lectura vista en el curso Modelo de Sustitución, Aumento, Modificación y Redefinición (SAMR):
Fundamentos y aplicaciones, existen cuatro categorías en el uso de las TIC
que nos permiten evaluar el uso que se le da en la vida real. Dos las dos, que
pertenecen a la categoría “mejora” sustitución y aumento, las otras dos, que
corresponden a la categoría “transformación” son modificación y redefinición. A
mi parecer, el uso que se le dio a las TIC en la clase de “Health” se ubicaba
en el cuarto nivel, el más alto, que es redefinición. Digo esto porque a través
de las herramientas que se utilizaron en esa sesión (drive, correo electrónico,
Google y pictochart) se crean nuevas actividades que serían inconcebibles sin
ellas. Lo anterior deja en evidencia que el colegio Bolívar se destaca no sólo
por los recursos tecnológicos que hay en sus aulas, sino por el uso efectivo
que se les da.
Siguiendo con
esta reflexión, puede decirse algo más sobre el Colegio Bolívar, y es lo
relacionado con la relación maestro-estudiante. Algo que quedó en evidencia en
la observación fue que hay entre ambos una relación de cercanía y confianza que
se evidencia en la informalidad en los diálogos. Es claro que el profesor lleva
con sus estudiantes una relación solidaria, respetuosa y de confianza. Álvaro
Carrasco, Psicólogo de la Universidad Alberto Hurtado, hace una afirmación que
encaja muy bien en esta discusión: “en el proceso de enseñanza-aprendizaje no
sólo entran en juego los conocimientos pedagógicos del profesor, los recursos y
condiciones materiales disponibles o el nivel socio-económico de los alumnos,
sino también, el vínculo emocional que se establece entre aprendices y maestros”.
Considero que ésta cita nos permite afirmar que el Colegio Bolívar va por buen
camino en lo que concierne a las relaciones maestro-estudiante.
Para concluir,
quiero señalar la importancia que ha cobrado para mí la práctica en el contexto
real. La experiencia de observación del semestre pasado y la que acabamos de
realizar han sido muy provechosas y han permitido comprender de manera más
fidedigna cómo es el ejercicio profesional. Para cerrar ésta entrada, quiero
citar a Enrique Correa Molina, quien en su artículo La práctica docente: una oportunidad de desarrollo profesional, habla
sobre el papel de la práctica en la formación docente: Correa afirma que “la
práctica tiene un potencial formador extremadamente rico”
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